Cuando me di cuenta de que olvidé su cumpleaños, dije: 'Qué pena', porque me sentí tan avergonzado.
Al ver que rompió su juguete nuevo, exclamó '¡Qué pena!' mientras se cubría la cara con las manos.
Después de escuchar que le fallé en su presentación, suspiré y dije: 'Qué pena', sintiendo la incomodidad de la situación.